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Primera cita: ¡tierra trágame!

La primera cita con alguien es muy importante para todos. Ya sea porque conocemos por primera vez a una persona, o porque vamos a pasar un rato especial con ella, a veces los nervios juegan malas pasadas. Tres usuarios de PARSHIP nos contaron sus experiencias:

Primera cita: ¡tierra trágame! ¡Tierra trágame!  –   © Fotolia

Hace unos años mi amiga me apañó una cita a ciegas con un chico que había tenido contacto por internet y al que ella consideraba un buen amigo. Aunque me ponían un poco nerviosa este tipo de citas accedí. Él me dijo que llevaría unos tejanos y una chaqueta blanca, y acordamos vernos en un céntrico bar de la ciudad. Cuando llegué allí y lo vi, lo primero que se me ocurrió fue acercarme y plantarle un par de besazos en las mejillas. Cuando vi acercarse desde el otro lado de la barra a otro chico con tejanos y chaqueta blanca que me dijo “¿eres Laura?”, ¡quise morirme! Menos mal que el chico al que besé se lo tomó con humor y no me tomó por loca. (Laura, 37 años, Vitoria.)

El primer día que quedé para una cita con la que hoy es mi actual pareja, pasé a recogerla por su casa. Llamé al timbre y me abrió una mujer, a la que amablemente me presenté y le pedí si podía avisarla. Cuando bajó al cabo de unos minutos y me preguntó cómo estaba , le dije: “¡Bien! aquí entretenido con tu abuela, que me está contando tus batallitas de la infancia…” Me quedé de piedra cuando me dijo: “No es mi abuela, es mi madre…” Menos mal que mi suegra no volvió a hablar del tema nunca más… (Kiko, 33 años, Tarragona)

La primera vez que quedé con Juan tras varios contactos por internet, quise estar guapísima para la cita. Aunque no estoy demasiado acostumbrada a llevar este tipo de ropa, me puse una falda y unos taconazos de impresión. Cuando le vi esperándome, sentado en las escaleras del metro quise desplegar toda la artillería, incluidos unos andares propios de Naomi Campbell, pero mi inexperiencia en las “alturas” me jugó una muy mala pasada: tropecé con tal mala suerte que acabé sentada en el suelo, con la falda levantada hasta donde no debería estarlo, y con media ciudad mirándome. En las siguientes citas Juan todavía se reía de mí, pero al menos sirvió para romper el hielo. (Nani, 35 años, Madrid)
 

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