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Una historia maravillosa, dulce y tierna

Gregorio, 44 años (director comercial) y Loli, 41 años (gestora clientes), ambos de Valencia, iniciaron sus encuentros con cierto recelo, pero pronto se dieron cuenta de que estaban hechos el uno para el otro.

Debo empezar diciendo (supongo que es típico), que me apunté a vuestra página con el escepticismo de creer eso de "menudo rollo" o "quién se apuntará a este tipo de cosas"...
Pues bien, si publicáis esto, me alegrará compartir mi historia con el resto de personas que están todavía a la espera de encontrar a su "media naranja".
En el momento que escribo esto, hace aproximadamente 40 días que me registré en Parship. Empecé como supongo que es normal, con los perfiles que ofrecían los porcentajes más altos. La primera persona a la que le envié el "rompehielos" tenía una afinidad del 86% aunque, en la faceta de la personalidad, aparecía un punto de conflicto. Eso lo hacía aún un poco más atractivo. Pensé: "alguna pequeña discusión con reconciliación posterior".
Empezamos a enviarnos mensajes (la verdad es que muy, muy pocos), y quedamos para vernos un viernes por la tarde. Estamos hablando del 18 de mayo de este año.
Los dos pensamos lo mismo: "¿que pinta tendrá?, ¿cuánto habrá de verdad en lo que ha puesto en los cuestionarios?", es por eso que nos dimos un tiempo máximo de 90 minutos para nuestra cita (lo que duraría el café). Pasado ese tiempo, nos despediríamos cordialmente y... ¡hasta otra!
Aún así, los dos acudimos a la cita con "salidas de emergencia" preparadas por si era necesario irnos antes de los 90 minutos. Bueno, bueno, bueno. Nada más vernos, fue como si la tierra temblase, como si un huracán de fuerza 5 pasase por aquella terraza. Enseguida nos dimos cuenta de que se había incendiado un polvorín, que la química había funcionado. Pasados los dichosos 90 minutos, nos concedimos una prórroga, nos fuimos a cenar, a tomar una copa, a pasear horas y horas por la playa hasta el amanecer. Estábamos conociéndonos, embelesándonos, empezando a darnos cuenta que el AMOR estaba quemando todo lo que había sido nuestra vida sentimental, para construir algo que en ese momento empezó a asustarnos de lo fuerte que era.
Han pasado tan solo 15 días en los cuales no nos hemos separado más de lo estrictamente necesario por nuestros respectivos trabajos. En momentos de distanciamiento, no han faltado llamadas de móvil como dos niños, correos de amor adolescente ni mensajes de cariño. No queremos separarnos, estamos viviendo una historia maravillosa, dulce y tierna.
De verdad que esto es lo más hermoso que nos ha pasado en nuestras vidas, es una explosión interior de sentimientos, emociones, sensaciones y oleadas de calor que van y vienen. Me gusta recordar aquella primera cena tan romántica, en un precioso restaurante italiano, sentados en la terraza a la luz de la luna. La primera noche (estuvimos juntos 10 horas, y eso que nos dimos 90 minutos), todo fue pasear y pasear, no queríamos romper la magia del momento.
Ella tiene una niña preciosa de 14 años, a la cual ya conozco; mañana ella conocerá a la mía de 6. Puede parecer que vamos muy rápido, pero lo nuestro está muy consolidado. Desde el primer momento que prendió el amor en nosotros, hemos sido muy claros al respecto de lo que queremos, necesitamos y valoramos.
Debemos daros las gracias ya que, de no haber sido por vosotros, difícilmente nuestros destinos se hubiesen unido.
Así que ¡ánimo!
De verdad que esto funciona.
Un saludo muy afectuoso y cordial.

Gregorio

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