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La primera cita

La armonía en el proceso de descubrimiento

¡Conseguido! Has buscado con calma, has superado los primeros problemas técnicos y has encontrado a alguien interesante. ¿Y ahora qué?

La armonía en el proceso de descubrimiento

Parecía tan esperanzador... Se habían estado escribiendo durante mucho tiempo, se habían acercado, intercambiado fotos y datos personales. A ella le fascinó su sentido del humor, su inteligencia y empatía. De pronto, recibió un email en el que inesperadamente él, con raras alusiones, le preguntaba sus preferencias sexuales. Ella no es que fuera muy púdica, pero se asustó un poco. Habría preferido hablar de ello tras conocerlo en persona.

¿Qué decir?

Un flirteo online empieza como un juego de preguntas y respuestas: ¿A qué te dedicas? ¿Cómo eres? ¿Qué opinas del conflicto de Oriente Próximo o de la cirugía estética? Tratas de imaginar al otro, despertar su interés y aproximarte con cautela. Entonces piensas: ¿Qué quiero saber, qué puedo decir? Ten claro la información que quieres de la otra persona y la que quieres dar sobre ti. Depende de lo que esperes: ¿una relación, un cónyuge, una amistad? ¿Qué formación, qué valores o planes debe tener tu media naranja? ¿Qué importancia tiene la familia? ¿Podrías aceptar que tuviera hijos de otra relación? ¿Cómo reaccionarías si no quisiera tenerlos? Cuidado, el ejemplo anterior muestra como el interés mutuo y la confianza desaparecen con manifestaciones insensatas o impulsivas. Para saber si una pregunta está fuera de lugar, imagínate planteándosela en persona.

Reconocer afinidades

¿Conocer a alguien por Internet es como ir por la cuerda floja: un paso en falso te hará caer al vacío? No es tan dramático. Flirtear por email es como jugar al ping-pong: ambos se esfuerzan por mantener la pelota sobre la mesa. Como se trata de sentirse a gusto, el proceso no ha de ser sólo intercambio de información por turnos, sino una agradable relación. Que el contacto virtual sea un interesante cambio de opiniones o un aburrido trueque de datos depende de vosotros. No seas complaciente ni escribas lo que crees que el otro quiere oír ("Me gusta conversar largo y tendido, las puestas de sol..."). Muéstrate natural, comenta sus opiniones y busca afinidades. Cuando os conozcáis bien, da igual si habláis de Neruda o el tiempo.

Con los pies en la tierra.

Cuanto más intenso es el intercambio y los sentimientos, mayor es la tentación de "contarlo todo". Si desde el principio utilizas a tu contacto para descargar las penas, puede que se sienta presionado y utilizado. Los miedos y traumas deben tratarse cuando os conozcáis en persona. Lo mismo pasa con las fotos: es bueno que te vean físicamente, pero si envías fotos enseguida de ti, tu perro, tu habitación... puedes abrumar a la otra persona y hacer que se desentienda de la relación. Después de todo, el encanto de conocer a gente virtualmente radica en que el contacto y los encuentros no tienen por qué ser secuenciales. Puede ocurrir que, por exceso de sinceridad, el interlocutor se sienta contra las cuerdas. Sugerencia: apuesta por el equilibrio. Habla sobre tu familia y tu vida pero con detalles como tu pasión por la tortilla de patatas o los cómics de los 50. La conversación será más amena y os llevará a hablar sobre temas más serios.

El síndrome del trovador.

Una trampa muy común es la del romanticismo. Quien habla de amor tras conocerse o entona poemas románticos puede repeler o parecer "desesperado" por encontrar el amor. A todos nos gusta que nos agasajen con cumplidos, siempre que se refieran a aspectos que sabemos el otro aprecia. A veces el "amor de tu vida" se convierte en el chasco del siglo tras la primera cita. Tómate tu tiempo antes de tirar cohetes y ten en cuenta que, las ilusiones que despiertan los contactos influyen en tus sentimientos. A veces, lo que es mano de santo para unos, en otros puede ser catastrófico. Descifra los signos de tu interlocutor. Quien, por ejemplo, esté interesado en mantener correspondencia erótica, debería insinuarlo al inicio, para que lo acepten o no.

¿Y después?

Para la primera cita, hay que ir con pies de plomo. Quien insiste desde el principio en intercambiar direcciones y teléfonos puede parecer que va muy de prisa. Pero cuando ambos queréis conoceros, no hay que esperar mucho u os perderéis entre especulaciones. Aunque es imposible que cada contacto sea el ideal, vale la pena intentarlo.

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