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Sufrir por amor

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Mal de amores

Ya sea en el colegio, la adolescencia, la universidad, o incluso en la madurez, lo cierto es que a la mayoría de las personas nos han roto el corazón en algún momento de nuestra vida.

Una ruptura, enamorarse de alguien que no siente lo mismo, o la distancia del ser querido son los desencadenantes de una dolencia que parece haber afectado a más del 70% de los españoles: el mal de amores. ¿Qué sentimos los españoles ante el desamor?, ¿Cómo reaccionamos?

PARSHIP, en una encuesta realizada recientemente, preguntó a sus miembros cómo se sentían ante una ruptura. La mayoría de los singles se ha sentido fatigado, sin energía y sin fuerzas para salir de casa. La pérdida de apetito era también un síntoma común, aunque curiosamente fueron más ellas que ellos quienes afirmaron perder el interés por la comida


Ante una desilusión amorosa, la mayoría de las personas tienden a retraerse, y dándole vueltas al recuerdo de la persona amada. La preocupación, la pena, y el cuestionarse si se ha actuado bien son sentimientos que suelen acompañar al mal de amores


Dáte tiempo.

A pesar de que sea lo que más deseamos, es difícil borrar de un plumazo todos los sentimientos y recuerdos relativos a la otra persona. Ser realista y afrontar que se necesitará un tiempo para recuperarse, es el primer paso.


Cuida tu imagen.

Como reza el dicho, la cara es el espejo del alma. Aunque te encuentres decaído/a y sin ánimos, prueba alguno de estos trucos: ves a la peluquería, renueva tu vestuario, hazte un masaje… Sentirse a gusto con uno mismo, ayuda a mejorar el ánimo.


Haz planes con familia y amigos.

Aunque no tengas ganas de salir, intenta distraerte con las personas de tu entorno más cercano. Salir a tomar una copa o una excursión de fin de semana, son actividades que liberarán tu mente de los malos recuerdos.


Sé cauto/a con las nuevas relaciones

Si sales y te relacionas con gente, posiblemente conozcas a otras personas que quieran iniciar una relación contigo. Cuando se acaba una relación, el buscar a un “sustituto” por despecho puede aliviarnos temporalmente, pero a la larga es engañarte a ti mismo/a, y a la otra persona.